Cuántas veces hemos escuchado la narrativa de que las mejores botellas suelen necesitar una larga guarda para alcanzar su máximo potencial. A menudo, cuando nos acercamos por primera vez al mundo del vino, solemos asociar el añejamiento y crianza de un vino con su calidad y los consideramos superiores a los vinos jóvenes, pero esto no podría estar más alejado de la verdad.
Las perspectivas sobre la relación entre la calidad y edad del vino están cambiando. Cada vez hay más consumidores que prefieren que los vinos que van a consumir sean más brillantes, más ligeros y listos para consumir (y no sólo porque estén impacientes por beberlos).
Pero ¿qué es un vino joven?
Los vinos jóvenes son los primeros que elabora una bodega, aquellos que son embotellados después del proceso de fermentación alcohólica y/o maloláctica, es decir no tienen paso por barrica, ni crianza en botella y en caso de hacerlo es durante un periodo máximo de 6 meses por lo que no son considerados vinos de guarda.
Al tener un proceso de elaboración más corto, la mayoría de estos vinos suelen tener un cuerpo ligero y una fuerza aromática afrutada, estos aromas están presentes en el mosto y se liberan durante la fermentación, es decir, sus características no están relacionadas con la forma en la que son elaborados sino más bien con el proceso de selección de las uvas que se utilizan, dicho en otras palabras, los aromas que podemos notar en los vinos jóvenes son aromas primarios.

Los aromas que encontramos en los vinos jóvenes provienen principalmente de la variedad de uva que sea utilizada, pero la intensidad es única y depende del estilo de elaboración de cada bodega. Podemos encontrar aromas predominantes a manzana verde, ralladura de limón, pasto recién cortado, durazno y notas tropicales. En boca tenemos sabores muy afrutados con una excelente acidez, suelen ser vinos secos y ligeros en alcohol.
Para lograr obtener un vino joven que sea agradable, fresco y frutal, este tiene un tiempo más corto de maceración con el hollejo y mosto para que obtenga la cantidad de taninos necesarios, si alguno llega a tener paso por barrica, su tiempo en ella es muy breve, pues siempre se busca que en los vinos jóvenes predominen los aromas primarios y secundarios.
Lo que distingue a un vino jóven de uno con crianza es su tipo de vinificación, y no tiene nada que ver con la calidad del mismo, solo es un proceso diferente que aporta otras características. Los vinos jóvenes al tener una menor carga tánica y sabores equilibrados, se convierten en vinos fáciles de beber.
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