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Ciclo de la Vid

En una entrada anterior abordamos un poco sobre la taxonomía de la vid, que es una planta de ciclo anual. Ahora es el momento de hablar sobre las fases por las que pasa la vid durante el desarrollo de su ciclo vegetativo, estas son fundamentales, y cada una de ellas es de vital importancia para que la planta progrese con normalidad.

Una de las primeras fases comienza durante el otoño y todo el invierno. La planta se encuentra en reposo y su aspecto queda únicamente con el tronco, brazos y sarmientos, solo la parte leñosa, no hay hojas ni tampoco alguna estructura verde vegetal. Esto se debe a que la temperatura del suelo es menor a los 10°C, lo que hace que las raíces tengan mayor dificultad para absorber los nutrientes del suelo.

Después se procede con la poda de la vid, una práctica realizada por el viticultor, que consiste en reducir los sarmientos de la vid a fin de limitar su crecimiento natural y de mejorar su rendimiento y la calidad de las uvas.

La siguiente etapa es nombrada lloro y marca el inicio de una nueva añada. El flujo de la savia viaja desde las raíces hasta las partes aéreas de la planta. Y es cuando empieza a observarse en todos los cortes de la poda y heridas del tronco y brazos, unas gotas transparentes e incoloras que se asemejan a lágrimas, por eso se le conoce como “lloro”.

Para finales de invierno y principios de primavera, ocurre el desborre y el aspecto de las yemas de la planta cambia, pues estas se hinchan formando una “borra” donde va toda la información genética y se comienzan a diferenciar las hojas, tallos y racimos. Esto se debe a que aumenta la temperatura por encima de los 10°C, y empieza la función de absorción por parte de las raíces de la planta.

Continuando con su ciclo, y debido al aumento de temperatura de los principios de primavera, comienza la brotación, y toda la estructura de la planta empieza a desarrollarse; primero salen las hojas que se extienden, posteriormente, se ven racimos muy pequeños. El desarrollo será más rápido dependiendo de los nutrientes y del agua disponible.

Avanza la primavera y tenemos la floración y cuajado.  Se desarrollan flores muy pequeñas, que al ser hermafroditas, se polinizan normalmente por aire, cuajan en el fruto y  forman pequeñas bayas con la forma y tamaño de un guisante. 

A mediados del verano, comienza el envero. Los granos de uva empiezan a aumentar de tamaño y posteriormente de color; de verde intenso a verde claro-amarillo en las uvas blancas y de color verde intenso-morado en las uvas tintas, este proceso dura unos 15 días. Es muy importante esta fase, ya que es el inicio de la maduración donde se producen los cambios más importantes en las uvas.

Desde mediados de verano a inicios de otoño ocurre el periodo de maduración, la etapa más importante que determina la calidad de la cosecha. La uva aumenta continuamente de tamaño, va perdiendo mucha acidez que tenía hasta ese momento y va acumulando cada vez más azúcares. La cantidad de azúcar determina la cantidad de alcohol que posteriormente tendrá el vino. Al final de este periodo se produce la vendimia (cosecha de la uva).

Entre uno y dos meses después de la vendimia. La planta tiene una baja actividad metabólica, se ralentiza la absorción de nutrientes por parte de las raíces. Las hojas dejan de tener la actividad intensa que tenían en primavera y verano (se tornan de un color marrón-rojizo) y llega un momento en que caen. A partir de aquí se da la parada invernal, completando el ciclo anual de la vid.

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